002. Menuda fiesta, ¿no?

Después de la habitual pausa para anuncios —quizá demasiado habitual, a veces…—, una misteriosa pista de jazz seduce delicadamente a aquél que sintonice la emisora. Sugerente como siempre, Deb of Night introduce su programa con la cálida bienvenida de su aterciopelada voz, después de bostezar perezosamente.

¡Vaya nochecita la de ayer! Me ha costado un montón despertarme, y todavía arrastro el sueño… ¡menudo desastre soy! Se detiene un momento para emitir una risilla traviesa. ¿Alguien más estuvo en el concierto de los Baby Chorus? Ay, me lo pasé genial… ¡y estoy deseando escuchar cómo os lo pasasteis, mis oyentes!


Ya tenemos a alguien al teléfono y estoy muy impaciente; carraspea un poco, antes de saludar al primer invitado. Buenas noches, aquí Deb. ¿Cómo te llamas?

Un joven de acusado acento alemán responde al saludo. Gute Nacht, Deb. Mi nombre es Erwin. Antes de que lo preguntes, eh… no, no he estado en el concierto, estaba estudiando; ríe cómplice, antes de que Deb le responda. Vaya… ¡pues no sabes lo que te perdiste! Pero está bien, los estudios son lo primero. ¿Qué estudias, querido?, dice Deb, tratando de introducir algo de interés para el muchacho.

Bueno, estoy de intercambio, estudio historia antigua en la Universidad de Berlín y estoy Chicago realizando mi trabajo final. Dijeron que tendrían en cuenta si lo hacíamos fuera del país, y aquí estoy…, responde Erwin denotando aburrimiento; continúa: Ahora mismo estoy algo encallado, la verdad. No sé si este el lugar más indicado para investigar un trabajo al respecto, ahora que lo pienso.

¿Y por qué no vas a hablar con el Doctor? Hablé un día con un alumno suyo y al parecer sabe muchas cosas. Podrías ir a preguntar a la Universidad de Chicago, aconseja Deb, con un tierno tono maternal. ¿Der Doktor…?, dice Erwin para sí, intrigado. ¿Es un apodo, o algo así? Bueno, puedo intentarlo… Es una especie de celebridad académica por aquí, yo creo que puede ayudarte. Pruébalo y me cuentas, cielo, insiste Deb, manteniendo su tono.

Erwin afirma: No pierdo nada por probar. Gracias Deb, lo haré. Deb se despide finalmente: No hay de qué, cariño. Aunque no lo creáis, Debbie puede ayudar de muchas maneras. Te deseo muchísima suerte, y no te olvides de descansar.


Tras una breve pausa, Deb comenta la última llamada: Yo no soy una chica erudita, pero conozco a algunas personas y puedo dar buenos consejos también. Y antes de que se me olvide, os daré uno, a ver… Se detiene un momento, como si estuviese inspeccionando o rebuscando algo. Bueno, ahora podéis contactarme también a través de mi perfil en Suntag™. ¡Contadme todo lo que queráis con el tag #HiDeb y prometo que os responderé en cuanto pueda! Así podemos estar en contacto siempre que me necesitéis.


Ay, creo que ya tenemos otra llamada, vamos a ver… buenas noches, cariño. Un lejano y sordo sonido visceral, como de una garganta aclarándose, retumba en la línea telefónica. Deb aguarda esperando una respuesta, y al momento, sigue: ¿Hola? ¿Se ha cortado? Estás llamando a Deb of Night.

Buenas noches… “Deb”; responde al instante una voz lúgubre y profundamente grave, manteniendo el timbre del anterior carraspeo gutural. Tiene un extraño acento entre eslavo y romance, y remarca notoriamente el nombre de la anfitriona al hablar, como si quisiera inferir algún tipo de atención específica. Sí, así se llama el programa, ¿con quién tengo el placer de charlar?, responde intrigada Deb. Unos segundos de incómodo silencio, en los que no se oye ni una leve respiración, preceden a la interlocución del invitado. Dime una cosa, “Deb” —solicita con suspense— ¿Alguna vez has pensado que el mundo, tal y como lo conocemos, va a terminar?

La locutora guarda silencio, totalmente congelada ante la pregunta. Tartamudeando, ahoga un par de intentos de interceder hasta que, por fin, logra agrupar unas cuantas palabras en una pregunta sarcástica: ¿E-estás en un culto apocalíptico o algo? Creía que desaparecieron todos en los noventa… Emite una risa juguetona tras su ocurrencia, pretendiendo relajar la tensión que el oscuro tono del invitado refleja. Éste corresponde con una tenebrosa carcajada y, jocoso, articula: No te haces idea de la gravedad de tu insignificancia, “Deb”. La sangría que ha azotado esta decrépita ratonera no es nada en comparación con la vorágine de desdicha que se avecina… Ellos vendrán, y harán música con los alaridos de tu agonía, rebanarán tu cabeza y tus miembros y harán gárgaras con el jugo de tus entrañas. Hay una estrella roja en el cielo nocturno, “Deb”

Deb se detiene totalmente anonadada por un segundo, y con un tono acusativo y sarcástico nada familiar en ella, retoma el hilo: Vaya vaya, menos mal que ya no estamos en horario infantil. Seguro que eso se lo dices a todas las chicas…. Expresando una postura indómita, el invitado finaliza: Se ha movido un peón, “Deb”. Estaba… encerrado. Pero ha logrado moverse, y ha comido a otra pieza.

Tras esta afirmación, el teléfono cuelga al otro lado de la línea, y se escuchan por un momento los usuales pitidos al cortar la comunicación. Vale, ¡buena suerte entonces en las nuevas elecciones para el condado!, contrarrestra Deb con un vano intento de recuperarse del golpe, que no logra esconder el nervio y la leve angustia que el siniestro invitado le ha hecho sentir.


Esto me ha dejado un poco fría… Vamos a hacer una pausa para publicidad y regresaremos en unos momentos, querida audiencia, aclara Deb, algo inquieta. La música que estaba escuchándose de fondo retoma protagonismo en forma de telón hasta que el volumen desciende progresivamente. Sin mediar palabra, un emotivo tema inunda los altavoces durante unos minutos tras el silencio que ha dejado el programa.

Al terminar, comienza una refrescante sintonía pop comercial.

Una voz femenina y de timbre sereno introduce un primer spot: ¿Temerosa de la celulitis y las estrías? La loción UltraSheen™ acoge todos los principios activos que actúan sobre tu piel para hacerla resplandeciente y sana para tu bienestar personal, induce sugerente. Pon remedio a tiempo ante la aparición de los signos de la edad con este nuevo producto de la cortesía de Magadon™, disponible en tu farmacia local.

Unos segundos de pausa dejan espacio hasta el siguiente anuncio, y la música cambia acorde con el tono agresivo y brusco del mismo, con ruidos de armas y explosiones de fondo. Si te mola la birra y las pelis de acción, ¡ahora vas a poder disfrutar de una KingBeer™ de cualquier variedad con tu entrada para la nueva película de Action Bill: El Hoyo! Mueve el culo ya y reserva tu sitio, ¡y recuerda que cualquiera podría ser un puto Mutante cambia-formas! El repicar bélico invade la escena con un coro de aullidos de muerte, pareciendo un montón de bestias siendo brutalizadas al ritmo de las ametralladoras, hasta una explosión final que deja el la línea en silencio.

De nuevo, la intrigante atmósfera de Deb vuelve a la emisora para dar un respiro a los oyentes tras esta espiral de emociones comercial.


La anfitriona regresa hablando con un ritmo ajetreado: ¡Deb está de vuelta, mis amores, y lista para vuestras historias! Y qué buen momento para recibir nuestra siguiente llamada… ¡Buenas noches, cariño! ¿Cómo te llamas?.

Una estridencia descriptible como el graznido de apareamiento del pájaro con la garganta más estrecha de toda la enciclopedia rompe el altavoz… ¡AAAAAAAAH!. Después, el sujeto responsable continúa: ¡¡Lo he visto, Deb!! Joder, me puse nerviosa y cachonda a la vez, ¡no sé cómo explicarlo!

H-huy, eh… me vas a tener que poner al corriente, cielo, dice Deb hablando como si estuviese parando un tren con el pecho ¿cómo se llama la película? Ya gestionando por su cuenta su grado de excitación, la invitada se explica con el justo raciocinio necesario: Ay, perdona, Deb. Soy Clara, llamé también el otro día, ¿te acuerdas? La locutora contesta inspirando la confianza de una amiga cercana: Pues claro, cariño. ¿Estuviste en el concierto?

¡De eso te quería hablar! Fui con unos amigos. Les conté que quería encontrar a mi querido Cole y se rieron un poco de mí, dicen que soy muy ilusa. Antes de que prosiga, Deb hace un comentario: Nada de ilusa, cariño. El amor se persigue y eso es lo que hay ¡Ya te digo! Me pasé parte de la noche buscándolo, toda hermosa que me puse, y creía que no lo iba a ver. Incluso intenté que me dejaran entrar en el VIP, pero nada… Toma un poco de carrerilla antes de darse rienda suelta, y arranca: Pero cuando iba a empezar el concierto se abrió todo el mundo el círculo y, desde lejos, allí lo vi vestido como una especie de superhéroe. ¡Estaba hermosísimo! Entonces cogió unos cuchillos, les prendió fuego y luego los arrojó con una elegancia que… Joder Deb, de verdad que tenía que ir a cambiarme de bragas, esa figura esbelta con sus brazos fornidos terminados en unos dedos largos y delicados, pfffff… ¡me puse perdida!

Ambas se quedan con un silencio tímido hasta que Clara regresa, un poco más tranquila. Anda que, si mis padres me oyeran… que yo no soy de esas, ¿vale Deb? Eximiendo a Clara de su vergüenza, Deb le responde adecuadamente: Ni que lo digas, tú desmelénate que esta es tu hora… ¿Así que tu amado es el telonero de los Baby Chorus? Sí que apuntas alto, querida.

¡Oye, que yo no sabía nada cuando lo conocí! Pero no pude alcanzarlo entonces; en cuanto empezaron a tocar se abarrotó todo el mundo delante del escenario y lo perdí de vista. Debió meterse en el VIP… ¿iría con otra chica? Deb intercede mostrando confianza: No hagas cábalas si no viste nada, sólo te harás daño; y quizá se lo hagas a él si no vas con cuidado. Sí, bueno, la cosa es que al rato yo ya pensaba que me iba a quedar sin mi ración de Cole, y fíjate que hasta me quedé después de que todos mis amigos se marchasen tras terminar el concierto. Pero no fue en vano, Deb, ¡vino a mí! Y me concedió un baile que duró lo que la noche nos permitía; jo, fue tan romántico…

El suspiro emocionado de Deb envuelve al oyente de lo que se podría imaginar como una halo de fresa y flores. Ahh, “l'amour”, cómo nos ilumina en tiempos de duda… Oye, cielo, de veras que no quiero ser grosera, pero hay un montón de gente esperando también su ración de Deb, así que…, sin dejar terminar a la anfitriona, Clara se despide ¡Perdón! Ya me dicen a veces que hablo demasiado, bueno… ya te pondré al corriente, Deb, ¡muchas gracias!.


Deb espera por un breve instante, dejando oír por unos segundos la acomodante música ambiental. Vamos a la carga otra vez, ¿sí? Buenas noches, ¿demasiado pronto para acostarse?

Otra voz que pudiera resultar familiar de programas anteriores se introduce con un saludo apresurado: Hey Deb, soy Mark otra vez. ¿Merodeando otra noche más? Porque no creo que estuvieses en el concierto. Mark arranca a hablar en prisas como parece habitual en él, tomando primero una sonora bocanada de aire que prácticamente hace eco: Recuerdas lo del cementerio, ¿verdad? Tuve que ir a investigar, ¡no podía aguantarme!. Me puse algo cómodo y discreto y pillé solamente una linterna.

En breve respiro de Mark, la locutora comenta curiosa: Anda que no te gusta el riesgo, querido. ¿Cuándo puedo apuntarme contigo a una escapada del misterio? El invitado responde severo, intuyendo que Deb se lo está tomando a broma. ¡Déjame hablar, Deb! Esto es serio y merece ser contado. ¿Puedo? No pretendía detenerte, no te apures. Tienes toda mi atención, y la del público también.

Mark retoma de nuevo su hilo en carrera. Bien. Pues mira, entré por un boquete que hay en la esquina más alejada del portón. No es muy grande, pero diría que cualquiera puede pasar con esfuerzo… Salvo que seas un puto armario, supongo. Luego andé hasta donde vi a los enterradores la última vez, detrás de la pequeña colina central, la que tiene un árbol… Me tienes con los nervios a flor de piel, Mark. ¿Qué viste allí?, pregunta Deb con sumo interés.

Estaba… vacío, Deb. Es decir, sé que era allí porque el suelo estaba lleno de agujeros, pero no había cuerpo ninguno. Algunos restos de sangre, sobretodo en un par de palas y unos retales de tela desgarrados, gafas rotas… Como si hubiese habido una pelea. La intriga puede respirarse al escuchar las palabras del joven. Después de dudar un instante, prosigue. Pero eso no es lo más intrigante. Los hoyos, Deb… parecían hechos de dentro hacia fuera; parecía que lo que sea que enterrasen la otra noche se hubiese abierto paso a través de la tierra para salir.

Alentadora, Deb le pide detalles: Cada vez que me llamas me impresionas más, cielo. ¿Qué vas a hacer ahora con lo que has visto? ¿Alguna pista objetiva? ¡Me alegra que me preguntes, Debbie! Tengo un nombre. He encontrado el permiso de conducción de un tal “Reijnders”; no diré su nombre de pila por privacidad, por supuesto, afirma Mark satisfecho. Después, zanja el tema despidiéndose: Bueno, gracias por dejarme un tiempo en tu espacio, Deb. ¡Tengo que seguir investigando!

Un abrazo muy fuerte, Mark. Y recuerda vivir un poco de vez en cuando, se despide también Deb, no sin antes mostrar un condescendiente cariño por este último invitado.


Madre mía, ¡decidme que hoy no ha sido intenso! Las noches como esta son mis favoritas, comenta, con un tono divertido.

Tengo que anunciar que, debido a diversos cambios en la emisora, a partir del siguiente programa comenzaremos a las 23 horas. Apuntadlo en la agenda, quiero que me deis todavía más en la próxima, ¡que sé que volveréis! Un abrazo enorme de vuestra querida Deb, ¡espero que tengáis una noche genial! La música de fondo toma de nuevo protagonismo para ir gradualmente reduciendo su volumen hasta quedar completamente en silencio.

The Deb of Night, 2016-11-30